La Ley del Centésimo Mono

Por Jaime Giordano

Siempre me ha llamado la atención el famoso experimento realizado en la isla japonesa Kojima y que diera origen a la Ley del Centésimo Mono. Un mono realizó un acto “singular”: lavar un camote en el agua. Se sabe que las “singularidades” son actos fuera de lo normal, no sujetos a las leyes conocidas. Son actos raros, la mayor parte de las veces condenados por la sociedad. Sin embargo, estas singularidades pueden llegar a constituirse en “monstruosidades felices” cuando logran contagiarse a los demás y, por lo tanto, generar un proceso evolutivo. Otras veces son “monstruosidades tristes” cuando desaparecen bajo el manto del olvido y no vuelven a ocurrir. En la isla de Kojima, algunos macacos empezaron a imitar al mono solitario y a lavar sus camotes.  La Ley del Centésimo Mono establece que cuando ya el mono número cien ha realizado ese acto que antes era singular, puede entonces ahora considerarse establecido como norma aceptada y generalizarse a todos los monos. Y eso ocurrió en Kojima: ahora todos los macacos lavan sus camotes en el agua antes de comérselos.

Pero, ¿qué pasa si estos actos no tienen dirección ni control? Se expanden ciegamente en una especie de cáncer incontrolable. Una cosa es derrocar gobiernos y otra es ver qué se hace después y cómo. En la película Buscando a Nemo, los pececitos después de encontrar, liberar a Nemo y saltar de nuevo al mar, se preguntan: “¿Y ahora… qué?”.

Después del primer triunfo de la revolución mexicana y después de varios caudillos, uno de ellos primó y estableció un estado dirigido por un solo partido. De modo diferente, en Rusia el llamado (por Lenin) Partido de nuevo tipo estableció una cierta “dictadura del proletariado” que después se personalizó en un culto sobrehumano a Stalin, como ocurrió en China con Mao. En muchas otras partes, estos movimientos fueron saboteados por su propia desesperación o ceguera y acabaron por ser derrotados dando origen a dictaduras reaccionarias y fascistas, como en Alemania, España y otros tristes lugares de la Tierra, como es bien conocido por nosotros. Puede desearse que China, después de los avatares de Mao haya asumido la posición pragmática de un Deng-Tsiao-Ping: “No importa si el gato es negro o blanco con tal que cace ratones”. Pero esto, sólo después de que la muerte de Mao estuvo a punto de transformar China en una dictadura de cuatro pandilleros o un estado militar sin más ideología que la fuerza.

La pregunta es: “¿Y ahora… qué?

Alguna vez pensamos que otra conocida ley, la “ley de la transformación de la cantidad en cualidad”, iba a ser suficiente dogma como para esperar con optimismo ese salto revolucionario que nos llevaría hacia una sociedad más justa. Ya sabemos que aunque la cantidad se transforme puede que sólo se llegue simplemente a… más cantidad o, peor, que la llamada “cualidad” sea o devenga en algún dictador megalómano que se eternice en el poder mediante el terrorismo de estado.

Quizás la solución consista en poner atención donde haya un mono lavando camotes, y empezar a imitarlo. Y si llegamos al mono centésimo, estaremos de camino a la salvación.

 

Sobre el autor: Jaime Giordano fue académico de la Universidad de Concepción. Actualmente vive en Puerto Rico.

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