Periodista penquista del BDAT retrata a sus amigos fallecidos

Por Carlos Basso

Javiera tiene innumerables fotos junto a sus colegas del BDAT en su muro de Facebook, como esta donde aparece con Felipe Camiroaga

Era agosto del año pasado y Javiera Molina, recién egresada de Periodismo de la Universidad de Concepción, llevaba recién una semana realizando su práctica profesional en el Programa Buenos Días a Todos (BDAT). Sabía perfectamente bien que allí se encontraría con una de las figuras más potentes de la TV chilena, Felipe Camiroaga, pero no era una idea que le llamara mucho la atención, entre otras cosas porque ―antes de llegar allá― pensaba que se enfrentaría a un típico divo de la televisión, al estereotipo de la estrella altanera, arrogante y despectiva. Sin embargo, justo cuando ella empezó a trabajar allí, Camiroaga andaba afuera de Santiago. El lunes siguiente el showman condujo el programa y varios minutos después de finalizar, ella estaba ocupada cuando sintió que le tocaban el hombro desde atrás.

Hola, no te conozco, bienvenida. ¿Cómo te llamas?― la saludó el hombre ancla, con una enorme sonrisa en el rostro, la misma que había tenido durante toda la emisión y que ―contrario al prejuicio― no se había extinguido luego de que las cámaras se apagaron.

Javiera confiesa que quedó muy sorprendida.

Era un hombre súper cálido, que expresaba energía con la mirada, y con mucho sex appeal también, de un carisma increíble, y eso una lo podía notar de inmediato. Le dije mi nombre y después recuerdo que me puse toja como un tomate― recordaba ayer, a horas de que hoy se cumpla una semana de la tragedia de Juan Fernández.

Camiroaga era el único integrante del BDAT que a Javiera le restaba por conocer. En su semana inicial, la periodista había logrado insertarse ya en el programa gracias a la calidez que señala emanaba de todos sus integrantes, a los que califica como una verdadera familia, y especialmente gracias a Sylvia Slier, la penquista cuyo cuerpo fue recuperado el sábado pasado desde las aguas de la Bahía Villagra.

―Cuando digo que el BDAT es una familia no es por usar el clásico cliché, sino porque es así. Hay que entender que llevan 20 años al aire, que tiene unos tremendos profesionales y que se pasan gran parte del día uno al lado del otro. Somos muy de piel, de juntarnos, de ayudarnos en todo, y por eso el golpe es tan grande. Con Sylvia, al principio, nos entendimos muy bien por todas las referencias en común. Cuando le conté que era de Conce empezó de inmediato a preguntarme si conocía a tal o cual persona, si ubicaba a alguien más en algún lado, etc. Ella era muy especial, muy afectiva, muy sacrificada con su trabajo y creo que eso tiene que ver con esa alma provinciana que uno tiene, que nos hace ser gente súper aperrada, súper sacrificada― relata.

En diciembre del año pasado, Javiera terminó su práctica y tenía la esperanza de quedar contratada, pero no había cupos disponibles. Consiguió trabajo en otro canal, pero “extrañaba el matinal y especialmente a la gente, pues insisto, había un ambiente de familia, de unidad, de compañerismo muy sincero, que lo hacía muy especial. Nuestro director, Mauricio Correa, lo ha dicho varias veces estos días: somos como un curso. Me lo pasaba pensando, pucha, ojalá que me llamaran, y como a los dos meses y medio eso sucedió. Se había producido una vacante y me pidieron que volviera, lo que me hizo inmensamente feliz”.

Viernes, 19 horas

El viernes pasado, Javiera se había retirado un poco antes del canal. Habitualmente la jornada comienza (para todos en el BDAT) a las 7 de la mañana y a veces se extiende hasta después de las 19 horas, pero ese viernes se fueron un poco más temprano. Parte del equipo andaba en el estudio con sus bolsos, pues partía a Juan Fernández.

―Estaban todos felices, por la idea de viajar a un lugar tan paradisíaco. Sylvia estaba muy contenta, pues era salirse un poco de los esquemas y estar con contacto con la naturaleza, lo mismo que en el caso de la Caro (Carolina Gatica), que era una mujer súper espiritual, que escuchaba mucho, perfeccionista. Esa tarde me despedí de ambas, junto con todos los demás, cuando se iban de viaje― cuenta.

Cerca de las 19 horas Javiera estaba en su casa cuando se comunicó con ella Natalia Godoy, una ex compañera de universidad que también trabaja en Santiago.

―Natalia me dijo que por Twitter se estaba comentando que un avión en que iba Felipe había desaparecido cerca de Juan Fernández. Al principio no lo quise creer, pero luego me di cuenta de que nadie sabía que mis compañeros habían viajado, así es que algo debía estar sucediendo. Llamé a varios colegas y sí, lamentablemente era cierto. Llegué como a las 20 al canal y allí estuvimos todo el fin de semana. No tengo cómo expresar todo lo que vivimos, cómo sufrimos por nuestros amigos, cómo no perdíamos la esperanza, cómo nos emocionamos y cómo sentimos un calor humano que fue realmente impresionante, sobre todo al ver a cientos de personas afuera del canal apoyándonos. Siempre tuvimos claro que el lunes debíamos volver a transmitir y que debíamos mantener la entereza, pues lo hicimos por ellos. Nadie, nunca, dudó en retomar el programa, porque Felipe, Sylvia, la Caro, Roberto y Rodrigo se lo merecían.

Un hombre directo

Hay muchas cosas qué decir respecto de Felipe Camiroaga, tantas, que la misma Javiera señala que se ha enterado recién estos días de que participaba en muchas causas más de las que se sabía, de que detenía su auto para ayudar a cruzar a una mujer en silla de ruedas y mucho más.

―Es que era muy reservado, muy discreto con sus cosas. No te andaba contando a quién había ayudado ni nada semejante, pero lo que uno veía de él era que se trataba de una persona de una calidad humana excepcional, y lo explico con algo que parecería un detalle muy menor: El, un hombre famoso, saludaba a todas y cada una de las personas con que se cruzaba. Y eran saludos cálidos, afectuosos. Muchas veces llegaban personas al canal a ver el BDAT y Felipe jamás puso un problema en abrazar a alguien para tomarse una foto, para saludar, para conversar, para tirar un par de chistes. Al mismo tiempo, era un hombre muy directo, que no temía decir las cosas de frente lo que pensaba, siempre muy respetuoso, pero directo. Recuerdo la primera vez que, durante la práctica, me tocó hacer una locución en off. En la tarde estábamos en la reunión de pauta y Felipe pidió la palabra: “Muy linda tu voz”, me dijo delante de todos, y pidió que me felicitaran. Fue súper emocionante, porque quien me estaba dirigiendo esas palabras no era el divo que uno se imaginaría, sino un líder que, además, hablaba sinceramente― rememora la joven profesional.

Una mujer de excepción

Cuando retrata a Sylvia Slier, la periodista de la Universidad Católica de la Santísima Concepción que se desempeñó por varios años en el BDAT y cuyo deceso impactó en Concepción, a Javiera le sobran los adjetivos para calificarla.

―Yo la conocí harto, pero había otras personas que eran mucho más cercanas a ella, producto de todos los años que llevaban juntas, pero no dudo en decir que era alguien extremadamente desinteresado, que ayudaba a todos por el gusto de ayudar, lo que por cierto es una constante en el programa. Yo, como decía, llegué allá con las típicas ideas preconcebidas acerca de la televisión y me encontré con un panorama muy distinto. Sylvia fue una de las primeras personas que me ayudó de derribar esos prejuicios, pues me apoyó muchísimo, siempre con mucha alegría. Cuando había mucho trabajo o algo se ponía complejo, ella era la primera en decir “no importa, hagámoslo, vamos”. Por lo general trabajaba mucho y no era extraño que después de las 20 horas ella siguiera en el canal, preparando la emisión del día siguiente, por el puro amor que le tenía a su trabajo y al programa. Quizá para mí el hecho de que ella haya sido de Conce, lo que nos unió mucho al principio, la hizo alguien muy especial, pero la admiración por ella iba mucho más allá de eso― explica.

Amigos entrañables

Unos días antes de la tragedia Javiera almorzó con Carolina Gatica, con quien se habían hecho muy amigas, entre otras cosas, debido a que les tocó trabajar juntas en muchísimas oportunidades. Le gustaba de ella, cuenta, su disposición a escuchar, a estar pendiente de los demás, a hacer todos sus trabajos en una forma extremadamente minuciosa. Roberto Bruce, por el contrario, era ―recuerda― un hombre mucho más bullicioso, extrovertido.

Era un amante de su familia. Siempre estaba contando sobre su señora, las cosas que hacían juntos, sobre su hija, mostrando fotos. Era además un hombre que nos cohesionaba mucho, que de repente invitaba a todo el equipo a su casa de Melipilla y allá partíamos todos, y allí nos mostraba más y más fotos de su familia. Rodrigo Cabezón, en tanto, era un hombre con un ojo artístico impresionante, un camarógrafo de una calidad superior, que no se limitaba a enfocar y dejar grabando, sino que buscaba el mejor ángulo, jugaba con los contrastes, etc. Era un profesional fuera de serie, igual que todos. Es por eso que ahora, cuando se cumple una semana de la partida de nuestros amigos, de este curso que perdió a cinco de sus miembros, como lo ha dicho Mauricio Correa, los vamos a seguir homenajeando del mismo modo que lo hemos estado haciendo todos estos días, trabajando, sacando el programa al aire, ayudando a la gente, mostrando lo mejor de nosotros mismos, que es lo mejor de ellos.

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