En el país de los medios

Por Danny Monsálvez

¿Qué pueden tener en común la portada de las últimas Noticias del día sábado 3 (imagen de Felipe Camiroaga), la portada del Cuerpo de Reportajes de El Mercurio del domingo pasado (foto de los representantes de la Confech y los puntajes que obtuvieron en la PSU) y la (nula) cobertura que el martes 6 La Tercera y El Mercurio dieron a la última encuesta Adimark?

Todas estas portadas (imágenes) e informaciones apuntan por una parte al manejo de la agenda y temas nacionales, estableciendo con ello una determinada interpretación de la realidad, asumiendo de esa forma el papel de portavoces y lugartenientes de aquello. En el fondo se trata de establecer una legitimación del poder.

Lo anterior nos lleva a un segundo punto, el cual dice relación con la función y responsabilidad social que desempeñan los medios de comunicación en la política, sobre el tipo de sociedad en el cual se funda, por lo tanto, el tipo de democracia que tenemos. En ese sentido ¿la actual estructura de los medios de comunicación es el reflejo de la sociedad que tenemos? Si lo vemos con calma, pareciera que el duopolio de la prensa nacional fuera la reproducción o representación más evidente del binominalismo político que actualmente existe en el país.

A propósito de lo anterior, uno de los temas centrales es ver y analizar la información como un problema político, el cual obviamente se relaciona con el tema del poder. En su trabajo “Información y política: dos formas de comunicación”, el intelectual Norbert Lechner señala que “La realidad social, al ser informada, es formada, con suspicacia el sentido común intuye que la información produce poder y que el poder se reproduce mediante estructuras de información. La información es un modo de dar forma a las relaciones sociales”. Para Lechner, al ser la información un problema político, se relaciona directamente con la construcción de un determinado tipo de orden social. He ahí el punto a analizar ―parafraseando a Berger y Lukmann―, pues nos referimos a la construcción social de la realidad. Por ello la lucha por el orden pasa a ser al mismo tiempo una lucha de poder, por una democratización del poder, una confrontación contra aquel discurso hegemónico que busca instituir determinadas pautas de acción y conducta en la población.

A comienzos del año 2005 apareció un reportaje en la prensa nacional que hacía referencia al poder ¿para qué y para quién? (Resultado de una encuesta del PNUD). Allí se analizaba la opinión de la elite sobre el poder. A juicio de ésta quien más poder tiene son los medios de comunicación, seguidos por los grandes grupos económicos. En aquella nota, se entrevistaba al sociólogo Pedro Güell, el cual señalaba que “el hecho que los medios estén  puestos tan arriba dice dos cosas: uno, que la elite sabe que estamos en una sociedad crecientemente mediática, que por lo tanto, sus ideas, sus propuestas, sus estrategia de conducción, tienen muy poca eficacia, si no son transmitidas adecuadamente a través de los medios. Hoy día, la elite necesita el favor de los medios para sea elite. Y segundo, su propia legitimidad depende de que los medios no los desnuden”.

En el caso nacional, al mismo tiempo que se generaba la concentración del poder económico (concentrado en las cuatro o cinco familias más ricas de Chile), se producía la concentración de los medios de comunicación (radiales y prensa escrita). Uno de los casos más emblemáticos lo constituyó El Mercurio y la adquisición de determinados medios regionales (2006), con lo cual pretendía mantenerse como el principal vocero de la elite chilena y del pensamiento económico liberal al cual había adherido, puesto que era funcional a sus intereses.  Con estos negocios, el decano de la prensa nacional alcanzó “una posición hegemónica, al comprar progresiva y sistemáticamente varios diarios regionales. A la fecha, la red de diarios regionales de El Mercurio llega a los 19 periódicos de Arica a Chiloé, sin contar con la red de radio Digital FM que opera con los mismos equipos de sus diarios regionales”, según un análisis de Claudia Lagos y Cristian Cabalin publicado el 2009 en Le Monde Diplomatique.

Conjuntamente, según el mismo medio, se va generando y privilegiando la rentabilidad, competencia y por otro lado, imponiendo “la búsqueda del sensacionalismo, la concesiones crecientes a la crónica policial y a los entretenimientos, una loca carrera por los ingresos publicitarios y la preocupación por no contrariar a los lectores o a los anunciantes”.

Ahora, el análisis de la información como problema político conlleva algunos elementos a señalar. En primera instancia se encuentra el cómo la información, al constituirse en una forma de poder, permite que los medios de comunicación tengan la capacidad para imponer visiones de la realidad. Por ejemplo, el discurso de “unificación” nacional, pretende aunar determinadas normas jurídicas, pautas, conductas, emociones y sentimientos. Siguiendo a Lechner, de esa forma el poder (tecnocrático) logra captar y controlar la realidad mediante una información cada día más completa, por lo tanto ya no requiere justificarse puesto que habla en nombre de lo real, expresando el proceso real, al punto que logra subsistir a sus propios críticos.

En segundo lugar, los medios de comunicación informan (construyen, instituyen) bajo una supuesta o mentada objetividad, pero desde el sentido común sabemos que no existe aquello, porque toda producción social y construcción de la realidad está supeditada a determinados intereses, específicamente de quienes desean una determinada concepción de la realidad y sobre la cual deben desenvolverse los sujetos.

Para finalizar, lo anterior nos lleva a plantear otra de las grandes falencias de nuestra democracia, como es la lucha por una autentica libertad de expresión, que pasa por el derecho que debe tener la población a estar pluralistamente informada, donde los medios sean un instrumento de cultura, educación, ideas y estén comprometidos con el progreso de la humanidad.

Sobre el autor: Danny Monsálvez Araneda es doctor © en Historia y académico de Historia Política de Chile Contemporánea del Depto. de Historia de la Universidad de Concepción. Se lo ubica en Twitter como @MonsalvezAraned