La despedida a un camarada del aire, don Emilio Ginouvés

Por Hugo Jara

El 25 de diciembre, día de Navidad, falleció don Emilio Ginouvés Asenjo (1927-2011), recordado  ex-profesor de la Universidad de Concepción y destacado piloto aviador. Mis inicios en la aviación están muy relacionados con su persona. Recuerdo haberlo visitado en su oficina en la Facultad de Educación, para conocer detalles acerca del curso de vuelo que se ofrecía en el Club Aéreo Universidad de Concepción. Por aquel entonces recién me había recibido de ingeniero, y en esa época todos mis esfuerzos y recursos estaban destinados a concretar el sueño de toda una vida: ¡aprender a volar!

Su trato gentil y el entusiasmo que demostraba por la aviación no hicieron más que acrecentar mis deseos de transformarme en piloto, e incluso la primera vez que volé en un avión liviano fue acompañándolo en un sobrevuelo por los cielos de Concepción. En aquella oportunidad, durante algunos minutos, me entregó los mandos del avión Cessna 150 matrícula CC-SZI, y aún tengo fresca en la memoria la emoción de controlar un avión por primera vez. Seis meses después de aquella experiencia, y ya realizando el curso de piloto, efectúe mi primer vuelo solo en esa misma aeronave.

En aquella época don Emilio era el Vice-Presidente del Club Aéreo y, para mi sorpresa, me invitó a formar parte del Directorio ocupando el cargo de Secretario. Era una situación inusual, ya que yo era sólo un alumno-piloto.

Cuando terminé el curso y después de rendir los exámenes finales ante la Dirección General de Aeronáutica Civil para obtener mi brevet de piloto aviador, entre las personas que me felicitaron en la losa del aeródromo de Carriel Sur (SCIE) por supuesto que estaba don Emilio.

En el año 1990 le correspondió asumir la presidencia de nuestro querido Club Aéreo, cargo en el que fue reelecto muchas veces, ejerciendo el mando por más de una década. Durante todo ese tiempo lo acompañé como Secretario del Directorio.

También en estos momentos tristes afloran los recuerdos de tantas aventuras de vuelo y de anécdotas, como aquella que nos ocurrió en un campeonato nacional de aviación realizado en Temuco, al cual concurrimos en representación de nuestro Club a bordo del Cessna 150, matrícula CC-SZH. Al momento de inscribir la tripulación él lo hizo como navegante y yo como piloto.

La primera competencia era la de raid aéreo, que es una prueba de regularidad, en la cual se asigna una ruta que hay que cumplir en tiempos determinados por la velocidad del avión, debiendo pasar por lugares de chequeo preestablecidos en un momento preciso, ya que tanto el adelantarse como el retrasarse significa ser penalizado con puntos.

De más está decir que en esta prueba el rol fundamental lo cumple el navegante, ya que es él quien va trazando la ruta en un mapa, determinando el rumbo, la velocidad aérea verdadera y la velocidad terrestre en base a las correcciones del viento. Aquí el piloto sólo obedece las instrucciones del navegante, quien debe realizar un trabajo arduo y que exige gran concentración.

El asunto es que a poco de despegar, don Emilio divisa la silueta de un avión que nos antecede, y con una vista envidiable lo identifica y me dice: “Hugo, en el campeonato del año pasado ese avión obtuvo el segundo lugar, sigámoslo…”. Así lo hice, pero a poco andar nos dimos cuentas que algo no cuadraba, ya que en vez de dirigirnos hacia la cordillera, lo hacíamos hacia la costa. Lo que ocurría es que aquella aeronave no estaba en competencia, pues sólo realizaba un sobrevuelo turístico.

Rápidamente retomamos la ruta y aunque pasamos por todos los puntos de chequeo, perdimos un tiempo precioso y terminamos penúltimos. Pero finalmente salvamos el honor, ya que en las pruebas de aterrizajes de precisión obtuvimos el cuarto lugar, lo que nos permitió quedar en la medianía de tabla de puntuación final. Revisando mi bitácora de vuelo, veo que en aquel campeonato volamos en total 7:49 hrs.

Y así, historias y anécdotas hay muchas y de todas ellas queda el recuerdo de haber compartido con un aviador de gran vocación, pero por sobre todo con una persona excepcional. Las amistades que se forjan en torno a la aventura y el peligro son eternas, y eso ocurre con don Emilio, seguirá siendo mi amigo y camarada del aire por siempre.

A continuación están las palabras que preparé para su despedida y que fueron leídas en su funeral:

En representación del Club Aéreo Universidad de Concepción, quiero despedir los restos mortales de nuestro recordado amigo, ex-Presidente y piloto don Emilio Ginouvés Asenjo.

Don Emilio fue una de aquellas personas que llevaba dentro de sí el amor por el vuelo. Según nos contaba, siendo un niño soñaba con la aviación, pero solo ya adulto pudo concretar su gran anhelo: aprender a volar.

Realizó el curso de vuelo en el Club Aéreo Universidad de Concepción y obtuvo su licencia de piloto aviador en el año 1983. A partir de ese momento, en su afán por recuperar el tiempo perdido, comenzó a acumular horas de vuelo rápidamente. Al mismo tiempo, y aprovechando su vasta experiencia como profesor universitario, se comprometió con la causa del desarrollo de la aviación civil regional y nacional.

Durante más de una década dirigió los destinos del Club Aéreo Universidad de Concepción, institución señera de nuestra ciudad, fundada al alero de la prestigiosa Casa de Estudios Superiores, de la cual toma su nombre.

En los largos años de su presidencia, fueron muchos los logros que se alcanzaron, pero no sólo referidos al crecimiento institucional reflejados en la adquisición de nuevas aeronaves o a las mejoras en infraestructura, sino que principalmente en el desarrollo de un espíritu de camaradería entre los pilotos.

 

Pero sus desvelos en el ámbito aeronáutico no se limitaron al medio local y regional, sino que también se proyectaron más allá, al desempeñar durante varios períodos el cargo de representante regional ante la Federación Aérea de Chile, una de las principales instituciones aeronáuticas del país.

Como piloto civil voló durante muchos años, realizando misiones de apoyo en el combate de incendios forestales, vuelos de ayuda y evacuación aeromédica a localidades aisladas de nuestro territorio y también en vuelos de fotografía aérea.

Pero Imborrables en la memoria de todos sus amigos pilotos quedarán los recuerdos de aquellos raids aéreos en los que participamos tantas veces, volando en formación con todos nuestros aviones. Aquellos aterrizajes al atardecer en olvidadas pistas de pasto y el posterior descanso protegidos por las alas de nuestras aeronaves, al abrigo de una fogata. Y al amanecer la reanudación del vuelo y la aventura.

En este momento triste de la despedida final, queremos expresar, en nombre del Club Aéreo Universidad de Concepción, nuestras sentidas condolencias a su señora esposa, hijos, nietos,  familiares y amigos.

Don Emilio, ha emprendido Ud. el vuelo final, para reunirse con la bandada inmortal de los aviadores de todos los tiempos. ¡Descanse en paz!

Enlace original al texto en el blog de Hugo Jara